
Berlín, 9 de noviembre de 1989, diez de la noche. Se abre el primer paso entre el este y el oeste, en Bornholmerstrasse. Tras varias semanas de éxodo de alemanes orientales hacia Austria a través de Hungría y Checoslovaquia, miles de ciudadanos de Berlín Este se agolpan en la frontera, entre incrédulos y eufóricos, para cruzar, al fin, al otro lado de su ciudad. En ese otro lado, miles de ciudadanos más, sus vecinos del oeste, han salido a esperarles con los brazos abiertos. La gente baila, grita, ríe, se abraza... El muro ha caído. Y, con él, el mayor símbolo de una Guerra Fría a punto ya de acabar. Es el fin de casi treinta años de división entre las dos Alemanias y la prueba de fuego definitiva para la perestroika de Mijail Gorbachov.
Luego llegarían las dificultades, la complicada integración de dos sociedades completamente diferentes y separadas por un abismo económico, el largo camino de la reunificación... Pero los acontecimientos de aquella noche, retransmitidos por televisión a todo el mundo, quedarían grabados ya para siempre como uno de esos momentos en los que el pueblo parece ser, por una vez, el auténtico protagonista de la Historia.
Fuente: 20 Minutos
Lo que sí recuerdo es cómo empezaron a salir fascículos en los kioscos tipo "Historia Reciente Europea" y el regalo del primer fascículo era un trozo diminuto de Muro de Berlín: siempre he pensado que aquellos pedruscos de fascículos provenían de alguna de las miles de obras y zanjas abiertas que existían en la Barcelona pre-Olímpica.
Poco tiempo después me explicaron en cuatro palabras (bueno, en mi cole "em van fer cinc cèntims"... ¡me encanta esta expresión!) lo que significaba la caída de ese muro -y que el niño rubio no había sido el protagonista de ningún rito pagano teutón... un alivio, oye-.
En la actualidad aún existen más de veinte muros de la vergüenza repartidos por todo el mundo (en Cisjordania, entre EEUU y México, en Ceuta y Melilla, en Irlanda del Norte, entre Corea del Norte y Corea del Sur, en Arabia Saudí, en el Sáhara Occidental, etc). Espero que algún día muy cercano pueda escribir nuevas "entradas" para celebrar sus derrumbamientos.


















