lunes, 9 de noviembre de 2009

Herzlichen Glückwunsch zur Freiheit, Berlin!



Berlín, 9 de noviembre de 1989, diez de la noche. Se abre el primer paso entre el este y el oeste, en Bornholmerstrasse. Tras varias semanas de éxodo de alemanes orientales hacia Austria a través de Hungría y Checoslovaquia, miles de ciudadanos de Berlín Este se agolpan en la frontera, entre incrédulos y eufóricos, para cruzar, al fin, al otro lado de su ciudad. En ese otro lado, miles de ciudadanos más, sus vecinos del oeste, han salido a esperarles con los brazos abiertos. La gente baila, grita, ríe, se abraza... El muro ha caído. Y, con él, el mayor símbolo de una Guerra Fría a punto ya de acabar. Es el fin de casi treinta años de división entre las dos Alemanias y la prueba de fuego definitiva para la perestroika de Mijail Gorbachov.

Luego llegarían las dificultades, la complicada integración de dos sociedades completamente diferentes y separadas por un abismo económico, el largo camino de la reunificación... Pero los acontecimientos de aquella noche, retransmitidos por televisión a todo el mundo, quedarían grabados ya para siempre como uno de esos momentos en los que el pueblo parece ser, por una vez, el auténtico protagonista de la Historia.

Fuente: 20 Minutos

Muy poco, o más bien nada, recuerdo acerca de lo que sucedió el 9 de noviembre de 1.989. Sé que la noticia de la caída del Muro que partía Berlín en dos y dividía Alemania longitudinalmente llenaba columnas y páginas enteras en los diarios y horas de televisión, pero por entonces mi mayor preocupación era aprender a atarme los cordones de las bambas, y mi mundo se reducía a mi barrio y el patio del colegio.

Lo que sí recuerdo es cómo empezaron a salir fascículos en los kioscos tipo "Historia Reciente Europea" y el regalo del primer fascículo era un trozo diminuto de Muro de Berlín: siempre he pensado que aquellos pedruscos de fascículos provenían de alguna de las miles de obras y zanjas abiertas que existían en la Barcelona pre-Olímpica.

Mi siguiente recuerdo con referencia a la noticia que hoy cumple veinte años es una fotografía, aquella foto del libro de ciencias sociales de 5º de E.G.B. Esa foto me causó angustia porque en ella salía un niño rubio, llorando y con la cara muy roja. Una persona encima de una "tapia" llena de graffitis lo estaba cogiendo por los brazos para subirlo allí. Creí que no tramaban nada bueno porque en esa foto también salían hombres con martillos... pobre crío, fijo que lo iban a sacrificar para honrar a algún dios nórdico.

Poco tiempo después me explicaron en cuatro palabras (bueno, en mi cole "em van fer cinc cèntims"... ¡me encanta esta expresión!) lo que significaba la caída de ese muro -y que el niño rubio no había sido el protagonista de ningún rito pagano teutón... un alivio, oye-.

En la actualidad aún existen más de veinte muros de la vergüenza repartidos por todo el mundo (en Cisjordania, entre EEUU y México, en Ceuta y Melilla, en Irlanda del Norte, entre Corea del Norte y Corea del Sur, en Arabia Saudí, en el Sáhara Occidental, etc). Espero que algún día muy cercano pueda escribir nuevas "entradas" para celebrar sus derrumbamientos.








3 arañazos...:

Anna dijo...

Ay, todos lo esperamos Paula... ojalá sea verdad pronto!!

Candela dijo...

Graicas por unirte a mi blog, te he puesto en mi barra lateral porque lo que he visto me ha gustado bastante. Esta entrada es magnifica. Sigo leyendote!!

Mary Lovecraft dijo...

vaya Poli, no tenía ni idea de esos otros muros de la vergüenza por el mundo...entre EEUU y México me llamó mucho la atención, más que nada por lo de liberar que se la da la 'superpotencia' (no sé quién puso el muro, en realidad, puede y fueron los mexicanos ¡qué ignorante soy en este tema!)

y el de Ceuta y Melilla, mejor ni hablamos

TODOS eso precisamente, una vergüenza.
¡un beso!